Si hay algo que en verdad detesto de mi género y congéneres es la manía de echárle la culpa a las hormonas de los estados de ánimo. Es cierto, está comprobado científicamente que hay una relación entre el ciclo menstrual y los cambios de humor de las mujeres, pero de ahí a tener cómo cartita bajo la manga el temita cada vez que una se pone sensible, COME ON!
Recuerdo que antes de conocer las maravillas de la píldora, nunca tuve grandes problemas con mis cambios de humor -siempre hay una clara tendencia a andar de mal humor en mí- y que la regla no cambiaba en lo absoluto la situación. Si hay que hacer educación física, mayor cuidado con el tema, no más. O si me siento ¿más sensible? que lo normal nunca se lo achaqué a las hormonas, sino a mi propia personalidad un tanto voluble. Los profesores -generalmente los hombres- creían la cuestión como si fuera la verdad más absoluta del universo: sí una mujer está con la regla, mejor dejárla en paz y decirle amén a todo.
En mí humilde opinión eso es una gran mentira. Si bien hay una correlación hormonas/humor, la cuestión no puede ser para tanto. ¿Estás dolorida? Tómate algo, lo mismo que si tuviéras un dolor de cabeza. ¿Más sensible de lo normal? mentira, todas las minas somos más sensibles de normal y la regla es la excusa para poder validarlo.