Si nadie es perfecto, ¿de qué me estás juzgando?
8 ago 2010
Qué es eso de andar pintando con colores al amor de la vida de uno?. Le pongo el color qué quiero, le hago rayitas, lo decoro con purpurina, le meto lentejuelas, voladitos, lo pinto con tinta china y después, recién después, veo sí hace juego con la ropa que me pongo. Basta de decir que el príncipe azul destiñe. Esa es la gran mentira. No existen los príncipes azules. Mal que mal, sólo existen los hombres -hombres. Con eso ya tenemos bastante. Además, quién quiere un príncipe azul que la salve de no sé qué cosa. Por qué tiene que ser azul. Por qué no rosa?, violeta?, naranja?, o amarillo? Matemos al príncipe azul de un garrotazo en la cabeza. Para evitar las culpas, hagamos que muera aplastado por un colectivo 60 a las seis de la tarde. Paguémosle a la hinchada de Atlanta para que trabaje sucio. Desterremos eso del príncipe azul de nuestras mentes con olor a Mujercitas, mujeres. Empecemos a imaginarnos a Blancanieves sodomizando enanos. A Cenicienta revolcándose con el jardinero en el pasto y a la Sirenita ahogada como Alfonsina. Nuestro problema siempre fueron los parámetros. Por eso nos va como nos va. Por eso los amores imposibles nos ignoran. Por eso, quizás, los hombres no nos den pelota. TODO CULPA DE LA TELE Y SUS MALABARES. Quiero uno que sólo necesite libertad para respirar contento. Qué sea humano. Qué muestre imperfecciones por los cuatro costados. Qué me quiera matar a veces. Qué piense que estoy loca cuando se me salga la cadena. Cómo yo no soy Cenicienta, mi príncipe no es más azul. Voy contra las reglas de lo ideal y me importa un carajo. Mí príncipe azul NO ES azul. Mí príncipe, gente, es verde.