Si nadie es perfecto, ¿de qué me estás juzgando?
2 abr 2011
En cada semana existen dos días por los cuales no tendríamos que preocuparnos jamás. Dos dias que tendrían que estar exentos de temores y pesares. Uno de ellos es el ayer, con sus errores e inquietudes, sus males y sus penas. Ayer se escapó de nuestras manos y ya se ha ido para siempre. Con todo el oro del mundo sería imposible revivir el día de ayer. No podemos borrar uno solo de nuestros actos ni quitar una sola de las palabras que hemos pronunciado. El otro día por el cual no tendríamos que preocuparnos es el mañana. Con sus posibles adversidades, sus lindas promesas y la inquietud de sus realizaciones. Mañana está también fuera de nuestro alcance. Mañana el sol se levantará inexorablemente con todo su esplendor o con una pantalla de nubes, pero hasta ese instante no tenemos poder sobre mañana por que aún está por llegar. Nos queda solo el hoy. Todas las personas pueden librar un combate en un solo día. Y ganarlo. Solamente cuando agregamos el peso de esas dos eternidades terribles que son el ayer y el mañana, es que estamos vencidos. No son las pruebas del día que enloquecen al hombre, es el remordimiento o el rencor que nos ha dejado el ayer y el temor de lo que nos puede traer mañana. Vivamos un día a la vez