Si nadie es perfecto, ¿de qué me estás juzgando?
7 nov 2010
Soy una chica con muchas virtudes. Desde chiquita aprendí a destacarme en todo. Si quiero algo lo consigo y siempre sé lo que quiero, lo sé apenas lo veo. Cuándo quiero algo puedo saltar cualquier obstaculo. Será por eso que puedo sobrevivir en este nuevo mundo, porque después de lo que pasó ya no soy una nena. Tengo mis virtudes, que no son pocas, y un gran defecto, en cuestiones del amor nunca se cuándo hay que actuar y cuando hay que esperar. Yo sé muy bien el dónde y el cómo, a dónde ir y como sortear los obstaculos. Solo me falta aprender el cuándo, cuándo actuar y cuando esperar. Si fallamos en el momento de actuar, si actuamos demasiado tarde, las consecuencias pueden ser irreparables. Si actuamos demasiado pronto también puede ser irreparable. Se trata de entender que todo tiene su tiempo. Actuar o esperar, dos caras de una misma moneda. Con cualquiera de las dos podemos ganar pero también podemos perder. Una corazonada, una señal, siempre buscamos algo que nos diga cuándo actuar. Pero no nos dámos cuenta de que esperar también es actuar, entonces la impaciencia nos lleva a actuar a destiempo, a equivocárnos. Y si se trata de actuar nada mejor que sorprender. Los animales de presa dominan bien este arte, ellos saben cómo esperar a la presa, dejarla actuar para cazárla. Al fin y al cabo actuar es mentir, creo. Toma uno, acción. Y entonces ciego caes en la trampa por no saber esperar. Somos esclavos de nuestras impaciencias, de nuestras tentaciones, de nuestra culpa. Siempre se trata de lo mismo, de cuando esperar, de cuando actuar, es como preparase para una salida, saber que ponerse, que no ponerse, que decir y que no decir, cuando hacer el gesto apropiado, cuando mantener el silencio, cuando ocultarse y cuando mostrarse. Yo no sé esperar cuando me encuentro con un obstáculo. Soy campeona de salto y hago eso, salto obstaculos.