Sé vestirme con elegancia, caminar entre algodones, sonreír con discreción y con qué cubierto se come el sushi. Sé cuáles son mis virtudes, y sé destacárlas. Sé ser el centro de atención. Sé ponérle personalidad a las cosas. Sé que genero envidia en varios casos, lo sé. Sé cómo hacer el papel de santa. Sé cómo me ven y cómo me sienten los demás. Sé cómo usar tacos altos, sé que decir y que callárme. Sé crear buenas, excelentes impresiones. Sé hacérme desear. Sé cómo ser perfecta. Sé muy bien cómo cuidárme.
Las chicas cómo yo sabémos cuidar las apariencias, siempre, ante todo sonreímos.
Las chicas cómo yo sabémos que somos lindas, pero yo siento algo que me corre por las venas, como un fuego. Es como una fuerza, una rebeldía, unas ganas de romper con las formas, con el molde. Es como una convulsión, algo más fuerte, unas ganas de meter las manos en el barro y enchastrar todo. Es un deseo inexplicable, como una pasión, como bailar flamenco, un deseo de perder la clase, el glamour, la elegancia.
Una fuerza que transforma a la bella en bestia.
Estamos en un lugar impecable, divino, cool. Nosotras somos impecables, divinas, cool, pero yo siento como un fuego adentro, siento unas ganas terribles de hacer lío.
Siento que tengo adentro mío una perra con ganas de salir, ganas de romper con toda esta prolijidad.
Esto es un paraíso, y me encanta, hay una parte mía a la que le encanta vivir en este paraíso pero hay otra que quiere salir.