Si nadie es perfecto, ¿de qué me estás juzgando?

11 sept 2010

Una casa enorme y carísima, con jardín y pileta, tres mucámas, dos meses en punta todos los veranos, viajes a Europa y Estados Unidos. Ropa nueva todos los meses, la mejor, la más cara. El último celular, el último mp4. El último televisor LCD, el más grande, uno en cada habitación.
Hockey en el mejor club, campeonátos internacionales, finales en Londres, en Oakland. Los mejores colegios, el mejor country de fin de semana, los amigos, las mejores familias. Una moto antes de los 16, el auto antes de los 18, el jet sky desde que aprendí a caminar. Fiestas todos los sábados, con el mejor catering, el dj exclusivo, en el quincho para 200 personas. Los mejores pibes, los más lindos, los más top, los mejores vestidos, los más chetos, rugbyers, los mejores deportistas.
Pero nada de todo eso me hizo felíz, nunca. Fuí felíz por priméra vez en mí vida el día en que Federico me dijo, 'Te amo mí amor'. Nunca nadie me quiso así. Te juro que cambio todo, todo ahora por un “te amo” de él otra vez. ¿Cuánto vale un amor así?, mí vida vale, vale mí vida. Yo juro que si a él le llega a pasar algo, me muero.
Algunos se pasan la vida buscándo la felicidád, cuándo no la encuéntran se desespéran o se resignan a ser infelices toda la vida. El problema es que la gente no entiénde que la felicidad no existe en un lugar y hay que ir a buscárla, porque la felicidad siempre está, está en una charla, en un amigo, en una miráda, en una sonrísa. La felicidad es algo tan simple que a veces no nos dámos cuenta que está, y ese es el problema, ese fue mi error. Sus, 'te amo cómo a nadie mí amor, dormí bien', antes de irme a acostar, sus cartas, sus Car ♥, en todos lados. Sus ganas de vérme, sus besos, sus abrázos, todo lo que me bancába, lo que me apoyába, lo que me cuidába y lo que amába estar conmigo, eso era la felicidad para mí, y recién ahora lo puedo ver.