Si nadie es perfecto, ¿de qué me estás juzgando?

30 sept 2010

Me enseñaste a no fumar sin desayuno, me enseñaste a dividir, que la suma de 1 y 1 siempre es 1, si se aprende a compartir. Me enseñaste que los celos son traviesos, que es mitad falta de cesos y mitad inseguridad. Me enseñaste a ser pareja en libertad, me enseñaste que el amor no es una reja y que es mentira la verdad. Me enseñaste que no es bueno el que te ayuda, sino el que no te molesta. Me enseñaste qué abrazada a tú cintura todo parece una fiesta. Me enseñaste muchas cosas de la cama, qué es mejor cuándo se ama y que es también para domir, me enseñáste entre otras cosas a vivir. Me enseñaste que una duda puede más que una razón, pero fallaste mí guru, se te olvidó enseñárme que hago si no estás tú. Me enseñáste de todo excepto a olvidárte, desde filosofía hasta como tocarte, a saber que el afrodisíaco más cumplidor no son los mariscos sino el amor, pero no me enseñaste a olvidáarte. Me enseñaste de todo excepto a olvidárte, a convertir una caricia en una obra de arte, a saber que los abogados saben poco de amor, y que el amor se cohíbe en los juzgados.